lunes, 15 de abril de 2013

El mayor tesoro ©

Aquí os dejo este relato recién parido, sólo para la página ^_^ Espero que disfrutéis leyéndolo tanto como yo escribiéndolo.

El mayor tesoro

Por R.R.Almeida

Hace muchos años, cuando los aventureros se jugaban la vida para alcanzar tesoros y colmarse de riquezas, Jack, un joven explorador, estaba tras la pista del mayor tesoro de todos los tiempos. Junto a él iba Daniel, otro joven, pero experimentado aventurero ávido de aventuras y tesoros. No se llevaban muy bien, pero el objetivo final, el tesoro, era más importante que sus diferencias.

Tras varias semanas trabajando juntos, encontraron información de la posible localización del tesoro, aquel del que se escuchan tantas historias y se decía que era el mayor de todos los tesoros.

Se enteraron que podría estar ubicado en una pequeña, pero peligrosa isla, que no se encontraba a mucha distancia de donde se encontraban los jóvenes aventureros.

Jack y Daniel eran muy distintos, sólo se parecían en las ganas de conseguir riquezas.

Sabiendo su destino, sólo le quedaba ponerse en marcha hacia la isla maldita de la que nadie volvió jamás.

Tuvieron algunos problemas para encontrar un capitán de barco dispuesto a llevarles a esa isla, por miedo a las tenebrosas historias que contaban sobre ella. Tras una buena cantidad de dinero, un viejo capitán se ofreció para llevarles a su destino, pero sólo hasta las cercanías de la isla, desde allí irían en un bote que les proveería el viejo capitán.

No tardaron mucho en llegar allí. Desembarcaron del barco para embarcarse en el pequeño bote. Remaron con fuerza, luchando contra las imprevisibles olas que intentaban volcar el bote. Una vez en la isla, arrastraron el bote a la orilla y lo ataron a una palmera cercana.

La isla no era muy grande, con una vegetación extensa, y una gran torre liderando el centro.

Según la información de la que disponían Jack y Daniel, el tesoro se encontraba en las profundidades de la torre.

Sirviéndose de sus machetes se abrieron paso hacia la torre. Al llegar vieron una gran puerta, desde la cual se llegaba a un patio con dos pequeñas puertas.

Según las instrucciones que debían seguir, tendrían que entrar cada uno por una puerta, para así poder abrir el camino que les conduciría al interior de la torre.

Cada uno entró por una puerta, accediendo a una pequeña sala con únicamente una palanca en ella. A la derecha de Jack y la izquierda de Daniel había un hueco por el que se podían ver y hablar.

-¿Estás preparado?- preguntó Jack.
-Sí, Jack. Contemos hasta tres.

Contaron, y al llegar a tres jalaron de la palanca. Frente a ellos se abrió el muro dando paso a una escalera imbuida en la oscuridad.

-Bien, conseguido- dijo Daniel.
-Sí, ahora bajemos. Espero que tengamos suerte.
-La suerte es para los débiles.
-La suerte, si la poseemos, nos ayudará.

Siempre andaban llevándose la contraria por cualquier tema que surgiera.

La torre se basaba en ir descendiendo, cada uno por un camino diferente, hasta lo más profundo. Deberían ayudarse mutuamente para alcanzar tal fin.

Los primero pisos de la torre no resultaron muy complicados; un par de palancas más, alguna adivinanza sencilla, y poco más. Lo realmente difícil fue cuando llevaban ya unas horas bajando, se encontraban en una sala, como todas las anteriores, pequeña y con el hueco para verse.

-Esto parece inacabable- comento Daniel.
-Cierto. Esta prueba parece algo más que pulsar palancas y pensar un poco.
-Sí. Hay un cuenco y algo escrito en la pared.

En la pared se podía leer "Si el camino queréis continuar, una parte de vuestra vida debéis entregar"

-¿Qué podrá significar?- preguntó Jack.
-Está claro. Nuestra vida es la sangre.
-¿La sangre? No lo creo.
-Siempre estás igual. ¿No podemos llevarnos bien?
-Tú siempre crees que tienes razón.
-Algunas veces me equivoco, pero esta no.
-Vale, probemos.

Ambos sacaron el puñal que llevaban, y se hicieron un pequeño corte en uno de los dedos, dejando así caer unas gotas de sangre en el cuenco que tenían frente a ellos.

-Ves, no pasa nada- dijo Jack.
-Esperemos a ver.

A los pocos segundos se abrió el muro como en los otros pisos.

-¡Tenía razón!- dijo Daniel.
-Pura suerte.
-No es suerte, es lógica.

Jack siguió bajando como si no hubiera escuchado a Daniel.

-Siempre igual- dijo Daniel bajando también al piso siguiente.

En el siguiente piso no había nada salvo el hueco por el que se podían ver.

-Y aquí qué tendremos que hacer- dijo Daniel.
-Dar sangre seguro que no...
-¡ Cállate y piensa!
-¡Piensa tú! Yo voy a hacer lo único que se me ocurre.

Jack cogió su maza y comenzó a golpear la pared con todas sus fuerzas.

-¡Qué haces!- le gritó Daniel a Jack.
-¿Destrozar este muro! No hay nada más que podamos hacer. ¿No es lo más lógico? Ayúdarme es lo que tienes que hacer.
-...está bien.

Daniel sacó su maza e imitó a Jack en su intento por echar abajo el muro.

-¡Espera!- dijo Daniel, llevas razón, en parte.

Jack paró de golpear el muro y atendió a lo que le estaba diciendo Daniel.

-Debemos golpear el muro, pues no nos quedan más opciones, pero viendo como hemos ido descendiendo por la torre, creo que deberíamos golpear la pared al mismo tiempo.
-¡Sí, creo que llevas razón!

Contaron hasta tres y golpearon al unísono el muro lo más fuerte que pudieron.

-Mira, Daniel, se está abriendo-dijo Jack- llevabas razón.
-Y tú, amigo.

Cuando Daniel dijo la palabra "amigo" se quedaron mirándose un segundo que les pareció eterno y bajaron al siguiente piso. Nunca antes se habían llamado así, nunca se les ocurrió ser algo mas que simples compañeros movidos por el afán de conseguir más riquezas de las que podían imaginar. Tanto tiempo en la torre, necesitándose para continuar el camino, los estaba ascendiendo a amigos.

Cada vez las pruebas eran más complicadas, pero trabajando codo a codo iban superándolas. Tras muchas horas bajando pisos a través de las repetitivas habitaciones, llegaron a una sala un poco más grande y sin hueco para que se pudieran ver. Cuando cada uno estuvo en su habitación, las puertas por las que acaban de entrar se cerraron. Ambos estaban nerviosos, no sabían que podría ocurrir. En la pared, como de la nada, comenzó a aparecer algo escrito. En las dos habitaciones pasaba lo mismo exactamente. Lo que se podía leer era:

"Has llegado hasta el final,
y seguro que a por el tesoro quieres continuar,
sólo una cosa debes hacer,
y no es más que un compañero perder.
Pulsa la palanca derecha y verás
cómo tu compañero muere y tú ganarás
si prefieres rehusar
pulsa la izquierda y perderás"

No sabían que hacer. El tesoro es todo lo que habían deseado, llevaban muchísimas horas sin dormir, todo por el mayor tesoro de todos. Ambos pensaban en que podría hacer el otro. Ya se habían convertido en amigos, algo que no abundaba. Como si por el hueco hubieran contado, pulsaron la palanca izquierda a la vez temiéndose lo peor. Para su sorpresa la puerta a la habitación siguiente se abrió.

Al pasar, se reencontraron juntos en una gran sala circular. En el centro de esta, alumbrada por la luz proveniente del lejano techo, un gran cofre.

-¿Qué palanca moviste?- preguntó Jack a Daniel.
-La izquierda. Me di cuenta que no quiero perderte por un tesoro. Eres mi amigo.
-Yo hice lo mismo.

Ansiosos por ver su tesoro, el mayor de todos, abrieron el cofre juntos para encontrar una simple nota en la que decía.

"Si habéis llegado hasta aquí es por que ya tenéis vuestro tesoro, mirad a vuestro lado y lo veréis. Es la amistad. Habéis ganado un amigo, y ese es el mayor tesoro que jamás podréis encontrar"

Jack y Daniel se miraron y rompieron a reír  La verdad es que sí, encontraron la amistad, y ambos decidieron en la última sala que no querrían perder al otro. Juntos, y con su gran premio, salieron de la torre y disfrutaron de su tesoro, un amigo. Esto les llevó a trabajar juntos en otras expediciones sabiendo que tenían alguien en quien confiar.

R.R.Almeida