sábado, 14 de diciembre de 2013

Sombras nocturnas © (Primer capítulo)

He decidido compartir con todos vosotros el primer capítulo de mi primera novela acabada hace ya un par de años.

Se titula "Sombras nocturnas" y cuenta la historia de Kurt, un joven policía de la Alemania Nazi de Hitler, que no puede soportar más lo que el Führer está haciendo con Alemania y gran parte de su población.

Espero que disfrutéis leyendo este primer capítulo titulado "Cambios drásticos"


"Sombras nocturnas" 

Por R.R.Almeida

1. Cambios Drásticos



En la oscura época nazi de Alemania, un joven policía de veintisiete años llamado Kurt Werstein, iba de patrulla por las calles de Berlín, junto a dos compañeros, Albert y Martin, cuando vieron una joven.
-Chicos, mirad que camina por ahí, es una cerda judía- dijo Martin.
-Paradla y subámosla, vamos a divertirnos un rato- dijo Albert.
Kurt permanecía callado, pues aun siendo policía, no estaba muy de acuerdo con la política del Führer, pero claro, no podía sacarlas a la luz…le costaría la vida, o algo peor.
-Eh tú, ven aquí- dijo Martin.
-Yo no he hecho nada, señor- dijo la joven.
-Eres judía verdad, con eso ya has hecho bastante, maldita cerda- dijo Albert.
La metieron en la parte trasera del vehículo, condujeron un poco más adelante y giraron hacia un callejón. Allí aparcaron; Albert y Martin salieron del vehículo.
Albert sacaba a la joven agarrada del brazo, la tiró al suelo y dijo mientras se bajaba los pantalones:
-Vamos, cerda judía, haz lo que tú sabes.
La joven, tirada en el suelo y llorando, decía:
-Señor, yo no he hecho nada.
No paraba de repetir la misma frase, se notaba que estaba muy asustada; los dos policías, Albert y Martin, agarraron a la joven,  y mientras uno la sujetaba y golpeaba para que se estuviera quieta, el otro la violaba brutalmente; primero Albert y después Martin. No pararon de darle golpes hasta que la joven estaba casi inconsciente.
Cuando terminaron, vieron a Kurt que estaba sentado en el coche, y Albert le preguntó:
-¿Qué pasa, no quieres divertirte un rato? Tú siempre igual.
Kurt sólo pensaba en lo que sus compañeros acababan de hacer, que no era la primera vez. Él no estaba de acuerdo con ese tipo de cosas, pero era incapaz de hacer nada.
Albert al ver que Kurt no contestaba, le dijo a Martin:
-Y ahora ¿Qué hacemos con esta cerda judía?, ha quedado peor de lo que pensaba.
-Ya no sirve de nada- respondió Martin- pégale un tiro y dejémosla ahí tirada, a nadie le importa una judía muerta, además, le haremos un favor.
-No, no vale ni el metal del que está hecha la bala, será más barato cortarle el cuello como una cerda que es- dijo Albert.
La joven, agotada en el suelo, casi sin aliento y apunto de desmayarse  por los golpes que recibió mientras la violaban, intentaba decir algo. Con una voz casi apagada de la que sólo se entendía una frase, “No he hecho nada”. Albert cogió un cuchillo del coche, se acercó a la joven, la agarró por el pelo y tiró hacia atrás la cabeza, puso la punta del cuchillo en el cuello de la joven y mientras le fue cortando poco a poco, le susurró al oído:
-Púdrete en el infierno, cerda judía.
Soltó a la chica que cayó desplomada en el suelo, sangrando y dejando su vida en ese oscuro y frío callejón.
-Listo, ya podemos irnos- dijo Albert.
-¿Quieres un cigarro, Albert?- preguntó Martin.
-Sí, es justo lo que necesito ahora, pero primero déjame limpiar la sangre del cuchillo y de las manos- respondió Albert.
Albert y Martin se encendieron un cigarro y subieron al coche. Albert arrancó el coche y fueron saliendo del callejón.
Mientras, Kurt echaba una mirada hacia atrás para ver a la joven, muerta, semidesnuda, y en un charco de sangre.
Cuando Kurt volvió a su casa, en la que vivía solo desde que su mujer desapareció unos meses atrás. Estaba muy enfadado consigo mismo por la impotencia que le entró esa tarde en el callejón con sus compañeros, Albert y Martin; pensó que debió hacer algo.
Desde que el Führer llegó al poder, la policía ya no se dedicaba a ayudar, eran como los perros de la Gestapo, todo el día buscando imprentas ilegales de propaganda contra el partido nazi, deteniendo a gente inocente que su único delito era ser de una religión o un color distinto, y todo para llevar a cabo el enfermizo deseo de Hitler de eliminar a todos los que él consideraba que eran de una raza inferior.
Kurt se hizo algo de comer, se duchó y se fue a la cama. Tumbado en ella no paraba de pensar en esa tarde, en esa joven de la que ni sabía el nombre, y en lo desalmados y despiadados que eran sus compañeros y la gran mayoría de la policía que conocía.
-No puedo permitirlo más- pensó Kurt- pero, ¿Qué hago?, ¿Cómo reaccionar ante esos dos malnacidos?. Si les digo que no lo hagan me dirán que sólo son judías y que no valen nada, que a nadie les importa. Pero esas personas también tienen familia, y no creo que sean seres inferiores. Lo que tengo claro es que no me quedaré quieto la próxima vez, mi conciencia no me lo permitiría. Pensaré algo por si llega la ocasión…que llegará.
Entre tanto pensamiento se quedó dormido.
A la mañana siguiente se despertó tarde. Andaba aún adormilado, así que se fue a la ducha para despejarse un poco; después desayunó y se puso el uniforme.
Salió de su casa aún dándole vueltas a la cabeza, tenía la imagen de la joven ensangrentada y tirada en el suelo, grabada en el cerebro a fuego.
Caminó a la comisaria, que ya llegaba tarde, y en la entrada se encontró a Albert y Martin que estaban subiendo al coche.
-¡Kurt! Vamos joder, ya nos preguntábamos dónde estabas- dijo Martin.
-Perdón, me quedé un poco dormido, ayer no descansé muy bien.
-Venga monta, tenemos que registrar una casa, el vecino avisó que anoche se vio mucho movimiento- dijo Albert.
Por el camino comenzaron a hablar:
-A ver qué nos encontramos- comentó Martin.
-Puede no ser nada- dijo Kurt- últimamente hay muchas denuncias por cualquier motivo.
-¿Cómo que no será nada?- dijo Albert- si por la noche está entrando y saliendo gente; puede ser una imprenta o quizás planean un atentado.
-Seguro que es un burdel lleno de putas- añadió Martin.
-Sí, estaría bien que fuera un burdel- dijo Albert riendo- así podremos “comisar” algo de mercancía para probarla y divertirnos un rato.
-Sea lo que sea ya lo veremos- dijo Kurt- y de ser así nuestro deber es llevarlas a comisaría.
-Joder, ¿Nunca te quieres divertir o qué?- le replicó Albert- Nuestro deber es proteger al pueblo alemán de basuras como esas, y si de paso nos divertimos, pues mejor.
-Bueno, tranquilos- dijo Martin- ahora veremos qué nos encontramos, no vale de nada divagar.
Kurt, cada vez más enfadado con sus compañeros y con la política que se vivía en Alemania, con la que no estaba nada de acuerdo, pensaba que ojalá no fuera nada, ni un burdel ni nada parecido, ya que escuchando a Albert sabía que haría algo, y él no lo permitiría, aún no sabía cómo, pero no lo permitiría más; el resto del camino, que no fue muy largo, se mantuvieron callados con una tensión que parecía estar a punto de estallar.
Aparcaron delante de la puerta, bajaron y se acercaron a la puerta; Albert llamó con tres golpes a la puerta y dijo:
-¡Policía, abran la puerta!
A los pocos segundos abrió la puerta una joven judía.
-Venimos a hacer un registro- dijo Albert mientras apartaba a la chica con el brazo y entraba en la casa.
-Yo no he hecho nada señor- dijo la joven.
En ese momento, cuando escuchó esa frase, Kurt recordó a la chica que sus compañeros violaron y mataron el día anterior.
-Aquí somos nosotros quienes decidiremos eso- dijo Albert.
-Yo miraré arriba- dijo Martin.
-Vale, yo miraré por aquí. Kurt, tú ve por esa escalera que parecen llevar al sótano- dijo Albert.
-Vale- dijo Kurt- bajaré a echar un vistazo y subo.
Kurt fue a la escalera y pulsó el interruptor de la luz, pero no se encendió.
-¿No funciona la luz aquí?- pregunto Kurt a la joven.
-No, señor- respondió ella.
-Usaré la linterna que está en el coche.
Kurt fue al coche a por la linterna y volvió a la escalera. Encendió la linterna y comenzó a bajar. El sótano era grande, y con la luz de la linterna no podía apreciar todo, así que decidió inspeccionar de cerca lo que allí se encontraba. Había muchas cajas de madera y cartón llenas de polvo y telarañas, una pequeña mesa con un par de sillas viejas, unas mantas en el suelo con pinta de ser usadas para dormir, y un plato junto a un vaso, ambos sucios y cerca de las mantas. Kurt pensó que escondían a alguien allí, esas mantas, el plato y el vaso, era muy sospechoso, pero no había nadie. Se decidió a subir la escalera, cuando escuchó un ruido como de dos rocas rozándose, apuntó con la linterna y la pistola hacia donde provenía el ruido y dijo:
-Policía, ¿Hay alguien ahí?
No se escuchó nada, sólo se veía unas cajas de cartón. Se acercó lentamente y las apartó, había una pequeña pintura con forma de pergamino, y pintados en relieve los números del cero al nueve, los símbolos de sumar y restar, dos triángulos, una calavera y una hoz. Kurt pasó la mano por encima y notó que se podían pulsar, como si fueran unos botones…le resultó extraño, pero al no ver a nadie, se dirigió a subir las escaleras y omitir esa información a sus compañeros.
Al subir vio a Albert sentado en una silla y a la chica de pie.
-¿Algo por abajo, Kurt?- preguntó Albert.
-Nada, sólo cajas- respondió Kurt.
Kurt no pensaba decir nada de las mantas, ni del plato y el vaso. Desde esa mañana había perdido el poco respeto que le quedaba hacia la policía, y hacia sus dos compañeros, que no eran otra cosa que dos sucios asesinos.
-Esperemos a Martin- dijo Albert- yo he estado hablando con esta judía, pero no quiere decir nada, habrá que interrogarla más a fondo en una de esas habitaciones de ahí.
-Yo lo haré- dijo Kurt- Vamos, ven conmigo a la habitación.
Kurt no pensaba dejar a solas a esa chica con ninguno de sus compañeros…no podía guardar más víctimas inocentes en su memoria
-¿Te quieres divertir hoy?- preguntó Albert- Está bien, ayer nos divertimos nosotros.
Kurt cogió por el brazo a la chica y la llevó a la habitación.
-Yo subo a ver a Martin- dijo Albert- que está tardando mucho.
Kurt y la chica entraron en la habitación amueblada por una cama y una pequeña mesita.
-Siéntate- dijo Kurt- no te preocupes, no te voy a hacer nada.
-Aquí no hacemos nada malo, señor- dijo la chica.
-Bueno, primero dime tu nombre- dijo Kurt.
-Lilia.
-Bonito nombre. Bueno, Lilia, abajo he visto unas mantas, puesta a modo de colchón ¿Estás escondiendo a alguien?
-No, señor.
-Ya, bueno, lo creas o no, intento ayudarte ¿Hay alguien más en la casa?
Kurt quería saber si había alguien más en casa para evitar que le hicieran lo mismo que a la pobre chica del día anterior.
-No, ahora estoy sola, mi hermano está trabajando en la fábrica.
-¿Y no escondéis nada?
-No, señor, ya se lo he dicho.
-¿Y la gente que entra de noche y sale antes del amanecer? Dímelo, de verdad, sólo intento ayudarte, cualquiera de esos dos de ahí fuera no insistiría tanto, y si hay alguien más en esta casa y ellos lo encuentran…lo va a pasar muy mal.
-Perdone, señor, pero sería la primera vez que la policía me ayude…a mí, una judía.
-No soy como los demás policías, no estoy de acuerdo con la política de Hitler…en serio, sólo quiero ayudarte.
-Sí, se nota que no eres como los demás…o quizás me estás diciendo todo eso para que confíe en ti. La policía mató a mis padres como si fueran unas sucias ratas, ¿Cómo puedo confiar en ella?
-Lo siento, te comprendo, pero no todos somos iguales.
-Habrá que verlo.
De repente se escuchó un disparo en el piso de arriba.
-¡¿Qué fue eso?! Espérate aquí- dijo Kurt.
Salió de la habitación, la cerró desde fuera con la silla en la que antes estaba sentado Albert, y empezó a subir la escalera lentamente con la pistola en la mano cuando se escuchó otro disparo. Se apresuró a ir adonde provenía el disparo y se encontró a Martin en el suelo con los pantalones bajados y sangrando por la entrepierna; en el suelo, yacía una joven que parecía muerta por un tiro en la cara, y a Albert de pie, con la pistola en la mano, apuntando a su compañero Martin a la cabeza.
-¡Qué ha pasado aquí!- dijo Kurt.
-La cerda esa- dijo Albert con cara de odio- le ha pegado un mordisco y le ha arrancado la polla, yo al verlo, saqué la pistola y le pegué un tiro, poco después otro para rematarla.
-Y ¿Por qué apuntas a Martin?- preguntó Kurt.
-Antes de desmayarse me dijo que así no se merece vivir, sólo le voy a hacer un favor- respondió Albert.
Apretó el gatillo y la sangre de Martin salpicó a ambos.
-Y ahora voy a ver a la otra puta judía, ¿Está en la habitación donde entraste?- preguntó Albert a Kurt.
Kurt, que estaba paralizado después de ver a Albert disparar a Martin, la chica muerta, y toda la sangre salpicarle la cara, no pudo ni decir palabra.
-Tú como siempre, con esa cara de idiota y más callado que una puta judía, ¡Aprende ya de qué va esto!- dijo Albert.
Apartó a Kurt con el brazo, salió y fue bajando la escalera. Kurt reaccionó y fue rápido tras Albert.
-Ven aquí, puta, tú vas a pagar todo lo ocurrido- dijo Albert a Lilia.
-No me mate, no quiero morir- dijo Lilia.
-No te preocupes por eso, preocúpate por lo que te ocurrirá antes de que te mate- dijo Albert.
Albert golpeó a Lilia en la cara con un golpe fuerte y ella cayó en la cama. Albert se empezó a quitar la correa de los pantalones, y en ese momento Kurt apareció por detrás con un cuchillo en la mano y rápidamente agarro la cabeza de Albert por detrás y le cortó el cuello a la vez que le dijo:
-Eres tú el que vale menos que el metal de una bala.
La sangre salpicó a Lilia, que estaba en la cama mirando la cara de Kurt que parecía llena de ira y odio.
-Te creo- dijo Lilia mientras se limpiaba la sangre con la sábana.
-¿Cómo?- preguntó Kurt limpiando el cuchillo también en la sábana.
-Que creo que no eres como los otros policías, ninguno mataría a su compañero por salvar a una judía. Gracias.
-No es nada, es lo que debía hacer, como ya te dije no estoy de acuerdo con estos métodos y mi conciencia no me lo permitiría, antes que judía eres humana.
-¿Y arriba que pasó? Estaba Sara, una amiga que íbamos a esconder esta noche, la acusaban de prostituta.
-El otro policía la quiso violar, y bueno, digamos que lo dejó impedido de por vida- dijo Kurt riéndose ligeramente- luego este de aquí le pegó un tiro a mi otro compañero, el cual no quería vivir así.
-Pobre Sara, no merecía morir, como todas las demás personas que han ido cayendo durante este tiempo.
-Los vecinos quizá escucharon los disparos y avisaron a una patrulla, ahora será mejor irse y esconderse, o acabaremos muertos también, pero ¿Dónde podríamos ir?
-Sé dónde podemos escondernos, y rápidamente. Vamos al sótano.
-¿Al sótano? Si no hay nada.
-Que no veas algo no significa que no esté ahí.
Kurt cogió el arma de Albert y bajaron al sótano.
-Déjame la linterna- dijo Lilia.
Kurt le dio la linterna y fueron hacia la pequeña pintura de pergamino con botones. Lilia pulsó varios de ellos y se abrió una entrada, cerca, en el suelo.
-¿Y esto?- dijo Kurt.
-Entra, mejor te explico dentro.
Entraron los dos, y Lilia pulsó una palanca en el interior que cerró la entrada. Bajaron y llegaron a una sala redonda con tres puertas y una mesa rodeada por cuatro sillas.
-¿Me puedes explicar ya dónde estamos?- dijo Kurt.
-Es un bunker bastante antiguo, en el que nos pensábamos esconder. Sin el código de la puerta es imposible entrar, nunca pensé que un policía entraría aquí.
-Podríamos decir que ya no soy policía.
-Sí, eso es verdad. Te enseñaré esto. Hay tres habitaciones, en esa de ahí están guardadas las provisiones; hay comida y bebida para que vivan cuatro personas por un par de semanas…aunque ahora estamos sólo tú y yo. Me preocupa mi hermano, seguro que lo cogerán, y no hay forma de avisarlo, si no hubierais venido. ¿Quién os avisó?
-Según me dijo mi compañero, un vecino avisó que entraban muchas personas de noche y se iban antes del amanecer.
-¡Muchas personas! Si entraban dos, y justo hoy íbamos a esconder a Sara y a su hermano, pero ya…mejor sobrevivir nosotros, te debo la vida y aquí no entrarán, y si logran entrar, tenemos una salida por esa otra puerta.
-Ya se denuncia sólo por miedo- dijo Kurt- y a cualquier mínimo de sospecha, así va todo, ¿Y a dónde lleva la salida?
-A las alcantarillas, en la habitación hay un pozo bastante hondo, y cerca del agua hay un pasillo que acaba llegando a las alcantarillas, será la única forma de salir de aquí.
-Sí, mejor tener una vía de escape. Toma el arma de Albert, quizás te haga falta.
-No te preocupes, tenemos algunas armas y munición que fuimos trayendo, están en la habitación del pozo, tenemos algo de dinamita también.
-Veo que estabais preparados.
-Sí, estábamos dispuestos a morir luchando antes de hacerlo llorando, pero…ellos ya no lo harán.
-Quizás tengamos que hacerlo, no sabemos que nos deparará el futuro. Como has dicho, mejor morir luchando que morir llorando.
-Ya veremos, te sigo enseñando esto. Por esa otra puerta hay cuatro pequeñas habitaciones, con una cama cada una y un cuarto donde podemos asearnos. Eso es todo.
-Bastante bien la verdad, una pregunta, cuando bajé a registrar el sótano, escuché la puerta a las escaleras cerrarse, ¿Hay alguien más aquí?
-No, estábamos bajando algunas cosas cuando llamasteis, subí corriendo, y Sara estaba arriba. Si no se pulsa la palanca, al minuto se cierra.
-Será mejor descansar un rato.
-Sí, cogeré algo de comer y beber.
Lilia fue a la despensa a por algo de agua y comida, y lo llevó todo a la sala redonda para tomarlo en la mesa junto a Kurt.
-Toma, bebe algo…Kurt ¿Verdad?- dijo Lilia.
-Sí, Kurt Werstein. Gracias.
-Yo me llamo Lilia Blume. Tengo veinticuatro años y he vivido aquí desde siempre.
-Yo veintisiete, y también de Berlín de toda la vida.
Kurt bebió bastante agua mientras miraba a su alrededor, pero Lilia no paraba de mirar a Kurt.
-¿Por qué no paras de mirarme?- preguntó Kurt.
-Ahora, después de lo ocurrido, supongo que tendremos que pasar algunos días juntos ¿No?
-Claro, no pienso dejarte sola, y prefiero que nadie me vea, quizá ya sepan que fui yo quien mató a Albert, y seguro me atribuyen la muerte de Martin también.
-Pues entonces- dijo Lilia- deberíamos conocernos mejor.
-No sé, soy algo tímido, entré en la policía hace algunos años, pero este régimen que ha impuesto Hitler…no me gusta para nada.
-Dímelo a mí. Los judíos estamos condenados aquí. Tarde o temprano acabarán con todos nosotros. A mis padres ya los mataron, y juré que me vengaría…pero no sé si podré. Ahora Sara, mi hermano que casi lo puedo dar por muerto…se van acumulando muchas cosas, pero primero tenemos que sobrevivir.
-Sí, eso haremos, también soy muy insistente y no nos rendiremos, sobreviviremos, escaparemos de aquí y buscaremos la forma en la que te puedas vengar. A mí ya no me queda nada, mi mujer desapareció hace algunos meses y en todo este tiempo sólo he ido cogiendo odio hacia este régimen. En parte pienso que fue culpa suya la desaparición de mi mujer.
-Intentemos no pensar en lo malo ahora, ya habrá tiempo para preocuparse. Ahora que me acuerdo, mi diario ya lo dejé antes en la habitación en la que pensé quedarme ¿Te importa si te dejo solo? Me gustaría escribir lo ocurrido, escribir me encanta y me calma los nervios.
-Claro, ve, no me importa. Yo me quedaré aquí sentado descansando y pensando.
-Si necesitas algo, cógelo.
Lilia se fue a la pequeña habitación en la que dormiría, a escribir en su diario mientras Kurt se quedó pensando en qué deberían hacer.
-Aquí tampoco podremos estar mucho tiempo- pensó Kurt- aunque no entren por las escaleras, acabaran viendo la pintura con los números y encontrarán la forma de entrar, deberíamos irnos en cuanto podamos… ¿Pero dónde podríamos ir? A mí me empezarán a buscar en cuanto una patrulla llegue a la casa y vean todo.
A Kurt le empezó a doler un poco la cabeza.
-Uff, ya empiezan estos dolores de cabeza que tengo desde hace algún tiempo. Iré a ver si Lilia tiene aquí algo que me calme el dolor.
Kurt se dirigió a la habitación de Lilia y llamó a la puerta.
-¿Se puede?- dijo Kurt.
-Sí, pasa- dijo Lilia.
-¿Tienes algo para el dolor de cabeza? Me dijiste que cogiera lo que necesitara, pero no sé si tienes.
-Sí, espera que te traiga una pastilla y un poco de agua.
Kurt se sentó en la cama a esperar a Lilia y vio el diario, era de color negro con unas pequeñas líneas doradas.
-A saber la de cosas que habrá vivido- pensó Kurt- ¿Habrá escrito que piensa de mí? Aunque me pique la curiosidad no puedo leerlo, es algo personal… aunque me gustaría saberlo.
Lilia abrió la puerta de la habitación y entró con un vaso de agua en una mano y una pastilla en la otra.
-Toma, te calmara el dolor de cabeza. Será mejor que te eches a descansar en una cama mientras hace efecto.
-Gracias, iré a la habitación de al lado.
Kurt salió y fue a la habitación contigua a descansar mientras Lilia volvía a coger el diario para escribir en él sus pensamientos.
Lilia abrió el diario negro con pequeñas líneas doradas por la última página escrita para continuarla:
“Kurt ha venido a mi habitación a pedirme algo para el dolor de cabeza. Le di una pastilla y un vaso de agua. Se fue a la otra habitación a descansar, espero que se encuentre mejor dentro de un rato. Me parece que se siente mi protector, y lo cierto es que lo ha sido, de no ser por él ahora estaría muerta, podría haberlo dejado pasar, le hubiera sido más fácil, pero ahora tendrá que huir, como yo. Lo cierto es que me gusta su forma de ser, aunque tendré que conocerlo más, por suerte parece estar decidido a quedarse conmigo.”
A Lilia le entró sed y se levantó para ir a por un poco de agua. Salió de la habitación y pasó por delante de la puerta de la de Kurt. Vio que estaba a medio tapar, y entró, cogió la manta y empezó a taparlo, cuando él, le agarro un brazo.
-Perdona, me suelo despertar muy rápido cuando me tocan- dijo Kurt mientras la soltaba.
-No pasa nada-dijo Lilia- ¿Alguna pesadilla? Pareces un poco alterado.
-No, estoy bien.
Lo cierto es que Kurt estaba soñando con la imagen de Sara, tirada en el suelo, sin vida. A Albert disparando a Martin. A él rajando el cuello de Albert. Y con la chica del día anterior…no se le quitaba la cabeza.
-Y la cabeza ¿Te duele?- preguntó Lilia.
-No, ya estoy mejor.
-Pues voy a por un poco de agua, ¿Quieres un poco?
-Sí, gracias. Te acompaño.
Salieron los dos de la habitación y fueron a la sala redonda.
-Siéntate, ya traigo yo el agua- dijo Lilia.
Lilia fue a por una jarra de agua y volvió. Le sirvió a Kurt un vaso y se llenó otro para ella.
-Gracias- dijo Kurt- he estado pensando que aquí no podremos estar mucho tiempo, quizá sea mejor irnos en cuanto podamos.
-Sí, si piensas que es lo mejor, eso haremos, ¿Esperamos a mañana, u hoy sería mejor?
-Pues me gustaría entrar en la casa de nuevo y ver si ya recogieron los cadáveres.
-Pero ¿Y si hay alguien?, te podrían detener o matar.
-Tranquila, iré con la pistola y tengo muy buena puntería.
-Vale, ¿Quieres algún arma de las guardadas en la sala del pozo?
-No, tengo mi pistola y la de Albert.
Kurt terminó de beberse el agua, se levantó, sacó la pistola y empezó a subir la escalera hacia el sótano de la casa.
-Yo te abro y espero en las escaleras junto a la palanca, si se cierra la puerta, la volveré a abrir- dijo Lilia.
Los dos subieron las escaleras y Lilia tiró de la palanca mientras Kurt apuntaba a la entrada del sótano con la pistola y la linterna. La puerta se abrió y a plena vista todo seguía igual que antes. Kurt entró en el sótano y dijo a Lilia:
-Si en algún momento ves a alguien que no sea yo, cierra rápido y huye. No me esperes.
-No creo que pueda huir, no dejándote ahí, sin saber si estás vivo o muerto.
-Tranquila que volveré- dijo Kurt sonriendo a Lilia- pero si me pasa algo y tú no consigues escapar…no habrá servido de nada lo que hemos hecho y habrán vuelto a ganar…no les des esa satisfacción y sálvate, recuerda que tienes mucho que vengar.
Kurt iba sigilosamente hacia la escalera que sube a la casa, apuntando con la pistola y algo nervioso. Llegó a la escalera, miró hacia arriba y al no ver a nadie comenzó a subir. Mientras subía empezó a escuchar unas voces y se quedó quieto escuchando.
Eran dos policías los que hablaban arriba.
-¿Qué habrá pasado aquí? Albert está ahí con un corte en el cuello y Martin arriba con un disparo y…ya sabes. Mientras que Kurt está desaparecido, seguro que ese cabrón tiene algo que ver.
-No sé, sea como sea tenemos que encontrar a Kurt, él nos podrá aclarar muchas cosas.
Otros dos policías bajaron con el cuerpo de Martin.
-Ya está todo listo arriba, podemos marcharnos- dijo uno de los policías.
Todos salieron y Kurt escuchó como cerraban la puerta. Subió arriba con cuidado por si quedaba alguno y se asomó por la puerta que daba a la escalera para comprobar que no hubiera alguien más.
-Qué casualidad haber salido en este momento- pensó Kurt- lo que está claro es que no deben verme. Bajaré al sótano a decirle a Lilia que ya se han ido los policías y que debemos prepararnos para salir.
Kurt bajó al sótano y al apuntar con la linterna hacia la entrada del bunker, vio a Lilia esperando. Él sonrió y dijo:
-Te dije que volvería.
Ella al verlo también soltó una sonrisa. Y dijo:
-Me alegro que no haya pasado nada.
-Bueno, se acaban de marchar con los cuerpos. Dijiste que el pozo lleva a un pasillo que va al alcantarillado ¿Verdad?
-Sí, ¿Saldremos por ahí?
-Sí, vamos a preparar algo de comida, bebida y demás cosas que necesitemos. En cuanto estemos preparados, nos iremos. Lo mejor es salir de Berlín, ya pensaré hacia dónde nos marcharemos.
-Vale- dijo Lilia- Guardaré algo de fruta y queso en una bolsa de tela que tengo ahí.
-Bien, yo cogeré algunas armas, los cartuchos de dinamita y munición.
Lilia fue a la sala donde guardaban la comida para recoger todo. Metió varias piezas de fruta, algo de queso y un poco de pan en la bolsa de tela, se la colgó al hombro y fue a su habitación a recoger su preciado diario.
Mientras, Kurt, estaba en la sala del pozo con las armas. Decidió dejar su pistola y la de Albert allí y coger dos nuevas Luger con suficiente munición; también cogió una pistola PKK para Lilia, los cartuchos de dinamita y un fusil Karabiner 98 Kurz que se colgó al hombro. Ya armado volvió a la sala redonda.
Lilia en su habitación decidió ponerse una ropa de color negro y pensó en que Kurt también debería cambiarse de ropa y fue a otra de las habitaciones a por algo de ropa de su hermano. Cuando cogió todo fue a la sala redonda a reunirse con Kurt.
-He pensado que sería mejor ponernos ropa más oscura- dijo Lilia- tú no puedes ir por ahí vestido de policía si queremos pasar desapercibidos.
-Buena idea, gracias por la ropa. Me iré a cambiar. También necesitaremos algo más de ropa, para cuando salga el sol...
-Vale, cogeré algo más.
Mientras Kurt se cambiaba de ropa, Lilia fue a coger algo más de ropa para cambiarse cuando el sol iluminara todo.
-Pues creo que ya está, volveré a ver a Kurt- pensó Lilia.
Volvió a la sala redonda y vio a Kurt con la ropa de su hermano y dijo:
-Te queda muy bien, y mejor que vestido de policía estás- dijo Lilia mientras se le escapaba una ligera carcajada.
-Sí, me alegro de haberme librado de ese uniforme que sólo infunde temor. Es hora de irse. Por cierto, ¿Tienes algunas cerillas?
-Sí, creo que ahí- dijo Lilia señalando a la sala donde guarda la comida.
-Nos podrían venir bien, si necesitamos hacer fuego.
-¿Dónde has pensado que deberíamos ir?- Preguntó Lilia.
-Pues la verdad, no lo sé ¿Tienes familia fuera de Berlín que nos pudieran dar refugio? A mí ya no me queda nadie.
-Sí, mi tía Martha. Vive en un pueblo al sur, Kiefernhausen. Es un pueblo tranquilo, sin mucho movimiento.
-Bien, iremos, o mejor dicho, intentaremos llegar, no sabemos lo que nos encontraremos.
-¡Qué pesimista eres! Debemos pensar que todo irá bien.

Con todo metido en bolsas, fueron a la sala del pozo para bajar a las alcantarillas y empezar la huida hacia Kiefernhausen.

Héroes sin estatua ©

Héroes sin estatua

Por R.R.Almeida

Héroes sin estatua,
con incontables logros por detrás,
te alimentaron y vieron crecer,
nunca olvides todo lo que les debes agradecer.
Si los necesitas estarán ahí,
siempre te han cuidado y te cuidarán,
harán lo que sea por tu porvenir,
si fuera necesario darían su vida por ti.
Son auténticos héroes,
héroes sin estatua ni conmemoración,
sólo me queda agradecer todo a mis padres,
y decirles que tienen una en mi corazón.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Tú ©

Por R.R.Almeida

Todo en ti es tan inspirador,
desde el roce de tu piel,
hasta uno de tus besos de amor,
más dulces que la miel;
cuando no estás añoro ese sabor.

Verte despertar es todo un placer,
al igual que tus finas manos acariciando mi piel...
daría lo que fuera por estar así hasta el anochecer;
cuando no estás en mi cama ni siquiera sé qué hacer.

Tú eres mi bella Diosa,
yo soy tu fiel escriba;
cuando no estás en mi memoria
no nace ninguna poesía.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Señora Muerte ©

Señora Muerte

Por R.R.Almeida

Señora Muerte, ineludible compañera.
Pasamos la vida acercándonos a ti,
aunque no lo queramos de ninguna manera.

Unos te esperan con temor y otros con valentía,
y hay quienes no dejan de pensar en ti cada día.
Algunos te esperan con alegría,
esperando que tu llegada les calme la agonía.

Sé que tu trabajo es de los más importantes,
te llevas muchas vidas a diario
para dar paso a las almas entrantes,
y por más que pasan los años
hay una pregunta a la que no logro responder
¿Por qué te llevas a tanta gente buena haciéndola sufrir,
y en cambio a los más cabrones los dejas vivir?

Jamás olvidaré a esas queridas personas que no dejaron de luchar
y que, aún así, viniste con tus fríos brazos para podértelos llevar.
Esas personas que estarán en mi memoria cada día.
Esas personas que nunca podré olvidar.
Esas personas que me dieron tanta alegría.
Esas personas que son parte del motivo de luchar.

lunes, 28 de octubre de 2013

Escribir ©

Escribir

Por R.R.Almeida

Me gusta crear,
pero también destruir,
por eso mi papelera está a rebosar
de papeles con historias que no llegaré a tener,
historias que quizá algún día me hubiese gustado leer.

A veces pienso que me venden tinta con morfina,
escribir es tan tranquilizador que parece la mejor medicina.
También hay horas muertas frente al papel,
que a veces debe tener tres caras,
y la que me inspira es la que no puedo ver.

Muchas son las veces que me dijeron
que pasar mi tiempo escribiendo
era matarlo de verdad,
que no sacaría provecho,
será que ellos si lo sacan de criticar.

Escribir me sirve,
entre muchas otras cosas,
para dejarme llevar,
para abstraerme de este mundo,
y divertirme de verdad.
Escribir es mi válvula de escape
que evita que llegue a explotar.

domingo, 27 de octubre de 2013

Lágrimas ©

Lágrimas

Por R.R.Almeida


Lágrimas de tristeza, dolor, o felicidad.
Lágrimas que sólo saltan al vacío por lo que importa de verdad.
Lágrimas invisibles que da miedo soltar.
Lágrimas que se aguantan para fingir un falso bienestar.

Lágrimas a las que no debes retener,
a las que debes darle una total libertad.
Lágrimas que te ayudarán a vencer
la anuladora sensación de ansiedad.

Lágrimas de impotencia a las que das paso por no explotar,
al ver impunidades que no sabes cómo solucionar.
Lágrimas que, en definitiva, caen rendidas por no poderse evaporar,
estampadas contra el suelo, esparcidas, ya no se recompondrán.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Visión equivocada ©

Visión equivocada


Me siento solo y atemorizado por tener que esconderme de tales bestias que habitan el planeta.
Desde que nací ya estaban aquí, y desde el principio se podía ver el oscuro corazón que los mueve. Aquella bestia que vi por primera vez quiso matarnos a mis hermanos y a mí…yo logré escapar corriendo en un descuido de nuestro captor, pero todos mis añorados hermanos acabaron ahogados en un río cercano.
En estos momentos me encuentro escondido en un parque situado en el centro de la ciudad. Rapiñando las sobras de la comida que tiran estos seres, e intentando no ser capturado. Quién sabe que serían capaces de hacerme. Ya he sufrido demasiado a manos de esos salvajes, y he visto morir a muchos como yo por sus barbaries. Son la peor raza que ha existido nunca. Por pura diversión he visto como nos obligan a enfrentarnos entre nosotros hasta la muerte, y cómo después de dejarles de servir de utilidad nos abandonan a las puertas de la muerte, o nos pegan un tiro en medio del campo…otros nos torturan hasta morir…y nos llaman su mejor amigo. Sí, soy un perro, y el ser despreciable del que os hablo es el que se hace llamar humano.
Cansado de los maltratos que recibí de mi anterior dueño, decidí escapar, y lo conseguí, aunque mis compañeros no tuvieron la misma suerte. Por qué nos llaman sus mejores amigos si nos tratan así…será porque somos tan confiados que siempre nos creemos sus caricias y cariñitos para engatusarnos. A veces pienso si todos los humanos serán así, no quiero creerlo, la esperanza de que haya alguno bueno no la pierdo, aunque mis experiencias me hayan hecho más reacio a conocer uno…prefiero huir en el último momento.
En este parque he conocido a perros con los que intercambié experiencias, y dijeron que ellos nunca pasaron por eso; nunca pasaron sed y comen bastante bien. También dicen que sus dueños los tratan muy bien… ¿Será verdad? Eso espero, así la llama de la esperanza de encontrar a alguien que me trate bien no menguará…aunque cuando recuerdo todo lo que he pasado siempre tiende a apagarse. Se me encoje el rabo con el simple recuerdo de ese zulo en el que me tenía metido a oscuras  y ni siquiera un hueso que roer. El momento que escuchaba pasos, me encogía de miedo y los temblores incontrolables se apoderaban de mí. Yo intentaba estarme quieto cuando veía a mi dueño…pero algunas ocasiones llegué a mearme con el simple hecho de que él levantara su mano, motivo para que me pegara una patada y no me diera ni un mendrugo de pan ese día…todo por haberme meado de miedo. Cómo voy a fiarme de ellos, preferiría morir a tener que pasar por ello de nuevo. No confío en el ser humano, pero tampoco perderé la esperanza aunque pierda la vida.
Acurrucado entre unos matorrales, espero a que llegue la noche para ver que encuentro de comer. Ya va siendo la hora en la que los humanos vuelven a sus casas, así que pronto estaré rebuscando entre las sobras de lo que traen, que estos últimos días ha sido bastante poco.
A lo lejos vi a una humana corriendo con sus cabellos rubios ondeando al viento, y un miedo en la mirada que nunca antes había visto en un ser humano. Tras ella, corriendo como si persiguiese a su presa, la perseguía un gran perro. Sí, también hay perros malos y que disfrutan con el dolor, pero seguro que sus dueños tienen mucho que ver con esa cualidad de su perro. Sin pensarlo fui en su ayuda, no sé por qué, será mi inocencia, y la llama de la esperanza que lucha por no apagarse.
Me abalancé sobre el gran perro justo cuando la chica tropezó y estaba a punto de ser alcanzada. Comenzamos a pelear, dando lo mejor de nosotros en cada mordisco y zarpazo que lanzábamos. Consiguió alcanzarme una pata con uno de sus mordiscos, pero yo pude engancharme a su cuello. Al poco tiempo consiguió soltarse y salir huyendo despavorido con el rabo tapándose el trasero. La pata que me mordió estaba empezando a dolerme, y sangraba bastante.
Al mirar a mi izquierda vi a la joven chica tirada en el suelo mirándome. Pensé en acercarme a ella, pero mi miedo al ser humano podía conmigo. Me quedé sentado e inmóvil. Ella se levantó y se acercó a mí diciéndome
-Hola guapo. Gracias por ayudarme.
Vi su mano levantarse, y salí huyendo hacia la parte más frondosa del parque. Me escondí entre los arbustos y vi entre las ramas cómo la chica me buscaba.
Pensé en lo curioso que es que yo ahuyentara a un ser al que ella temía, pero sin embargo yo me escondo de ella.
Se quedó buscándome hasta que anocheció. Suerte que no me encontró y que no me quejé del dolor…tantas palizas sirvieron para que aguantase el dolor como ningún otro, aunque preferiría que no hubiera sido así. Quizá hubiese debido salir y dejar que se acercase a mí, pero por mi mente sólo se balancean los recuerdos de mi anterior dueño.
Con la pierna dolorida busqué comida entre los restos que dejaron los humanos. Encontré algo cerca de unos pinos. Me lo comí, y volví rápido hacia mi arbusto a descansar un poco.
El día siguiente no fue muy distinto de los anterior que había pasado en el parque, salvo porque pensé en la chica de ayer. ¿Me querría ayudar? O quizá tiene la misma maldad que mi anterior dueño y había hecho enfadar al gran perro con alguna perrería…no sé, y creo que sólo lo hubiese sabido acercándome a ella.
Pasé el día escondido en el arbusto, viendo a la gente jugar con sus perros, y pensando en la chica.
Cuando quedaba poco para que me tocara pasearme a buscar entre los restos algo que comerme, escuché a alguien decir:
-Ven, guapo. Dónde estás.
Miré entre las ramas del matorral en el que me escondía y vi a la chica de ayer. Me quedé paralizado, sin saber qué hacer. El dilema en el que llevo pensando todo el día, qué hacer si la volviera a ver. Pensé que lo mejor era salir, no puedo quedarme con la duda de cómo será. Salí del arbusto con lentitud y me hice ver.
-Ahí estás- dijo la chica al verme.
Se acercó a mí, y yo, que no paraba de titiritar, luchaba contra el miedo tratando de mantenerme firme. Cuando estaba frente a mí, levantó la mano, y mientras la acercaba a mi cabeza me dijo:
-No tengas miedo, no voy a hacerte nada.
Comenzó a acariciarme, y por primera vez sentí el placer de tener contacto con alguien sin estar recibiendo golpes. Podría llevarme así todo el día.
-Qué pasa guapo. Gracias por ayudarme ayer. Veo que no tiene casa, y que tu patita no está muy bien ¿Te gustaría venirte conmigo?
¿Una dueña? Me pregunté. Es lo que siempre quise, alguien que no me maltratara. Aunque no me fio de nadie, hay algo dentro de mí que me impulsa a quedarme. Es evidente que no le puedo decir que sí, pero me haré entender con un ladrido de alegría y moviendo el rabo.
-¿Sí? Bien, ven conmigo.
Comenzó a andar mirando hacia atrás para ver si la seguía, y con un alarde de valentía la empecé a seguir.
-Bien guapo. Verás que bien vas a estar en casa- me decía ella mientras caminábamos juntos por el parque, como hace la gente a la que tanto he observado todos estos días.
Salimos del parque y montamos en su coche. Por el camino continuó hablándome.
-Bueno, guapo, no tienes nombre. Yo me llamo Virginia, ¿Qué nombre te pongo a ti? Te voy a llamar Karma ¿Te gusta? Hiciste una cosa buena, ayudarme. Ahora te ha pasado algo bueno, encontrar una familia. Karma te queda genial.
Ladré mostrando mi aprobación. Cualquier nombre que ella elija está bien. Es curioso  cómo puede estar hablando conmigo, un perro. Parece que supiera que la entiendo.
-Bien. Pues elegido. En casa conocerás a mi perrita, Kali. Es muy buena y bonita. Seguro que os lleváis muy bien.
Eso espero, de lo contrario está claro que elegiría a su perra.
A los pocos minutos llegamos a su casa. Grande y con mucho jardín para correr. Es perfecta. Nos bajamos del coche y entramos en la casa. Mientras Virginia abría la puerta, se escuchaba a Kali saludarla a base de ladridos.
-Ya, mi niña. Traigo a un amiguito- dijo Virginia.
Me encuentro nervioso por todo esto. Es un mundo nuevo para mí, y demasiado bonito para asemejarse a la realidad.
Al abrir la puerta, Kali se le echó encima, y acto seguido se acercó a olisquearme, a lo que respondí del mismo modo.
-Mira, Kali, este es Karma- dijo Virginia- Es quien me ayudó ayer en el parque.
-Bienvenido- me dijo Kali.
-Gracias. Espero encajar bien, lo he pasado muy mal con mi anterior dueño.
Virginia no estaría escuchando más que ladridos, ya que es lo único que los humanos pueden entender de nosotros.
-Bien, parece que habéis hecho buenas migas- dijo Virginia- Vamos a la cocina, os voy a dar algo para comer. Luego le daré un baño a Karma.
¿Un baño? No sabía a qué se refería, así que le pregunté a Kali.
-Un baño es lavarte. Te mojará y embadurnará con jabón para que estés limpio y no tengas ninguna pulga.
Sonaba bien, y sobretodo lo de las pulgas, no hay ser más molesto que ese. Lo de mojarme no me gustaba tanto pero, si ella lo quiere así, así será.
En la cocina nos sirvió una gran cantidad de carne que sacó de una lata. ¡Jamás tuve tanto  para comer! Disfruté cada bocado que di, pero mi ansia por comer hizo que me durara poco tiempo.
-Que rápido has comido- me dijo Kali.
-¡Sí! Tenía mucha hambre. En la calle no hay mucho para comer, ni tan rico. ¿Comeremos esto todos los días?
-Sí, claro. Un par de veces al día.
-¿En serio?
-Claro amigo. Has debido pasarlo muy mal. A mí me acogió Virginia poco después de nacer, y siempre he vivido así. Para mí es lo más normal. ¿Cómo lo has pasado tú?
Le conté a Kali todo lo que había pasado con mi anterior dueño, ese infierno terrenal. Quedó asombrada, casi no se lo creía.
-Pues no te preocupes- me dijo- aquí estarás muy bien. Virginia es la mejor dueña. Siempre me acaricia y juega conmigo. Daría mi vida por ella.
-Y yo créeme. En estas horas ha hecho más por mí que cualquier otro ser. Estaré encantado de estar aquí con vosotras.
Terminamos de comer, y Virginia me dijo que la siguiera. Iba a darme el baño.
El agua está caliente lo cual es muy agradable, yo estaba acostumbrado al agua de la lluvia. El jabón huele muy bien y si mata a los bichos, mejor. Mientras me aclaraba con agua me dijo que a la mañana siguiente me llevaría a ver a un veterinario, para que me curara la herida de la pata. Me parece perfecto. La pata me duele bastante.
Tras el baño fuimos al salón. Ella cenó, y se tumbó en el sofá a leer un libro. Kali y yo nos quedamos a los pies del sofá descansando y atentos a Virginia por si nos necesitaba. Un par de horas después Virginia se quedó dormida, al igual que nosotros.
Kali y yo nos despertamos antes que ella, y eso que nos quedamos dormidas más tarde. Esperamos a que Virginia se despertara y preparara para llevarme al veterinario como dijo ayer. Kali se quedó sola en casa mientras Virginia me llevaba al veterinario.
Cuando llegamos allí, Virginia le explicó al veterinario lo que ocurrió hace un par de días en el parque, él me subió a una mesa y me examinó la pata. Me la vendó y habló con Virginia, no tardamos mucho en estar en la calle.
El coche de Virginia está al otro lado de la carretera. Empezamos a cruzarla y vi como un camión estaba a punto de arrollar a Virginia. Salté con todas mis fuerza y empujé a mi adorable dueña fuera de la trayectoria del camión…una milésima de segundo más tarde, sentí un golpe bastante fuerte en el costado y quedé tumbado en la calzada. Comencé a pensar en Virginia, en todo lo que había hecho por mí…no quería abandonarla. Pocos segundos después la oscuridad se apoderó de todo.
Al abrir los ojos vi a Virginia sentada al lado mía, en la sala del veterinario, el cual tuvo que operarme de inmediato.
-¡Sí!- exclamó Virginia- ¡Estás despierto!
Ella tenía la cara mojada de haber estado llorando. Yo intenté ladrar para mostrarle mi felicidad por verla de nuevo…pero me fue imposible, aún me dolía todo el cuerpo.
-Tranquilo, Karma, te pondrá bien. El veterinario me dijo que en menos de un mes estarás correteando de nuevo. Ya van dos veces que me salvas. No sabes lo que me alegro de haberte encontrado.
Eso me tranquilizó aún más. No hubiera querido morir ahora que encontré una familia que cuida de mí, y por supuesto, yo de ella.

Hace un par de días dije que preferiría morir antes que pasar de nuevo lo vivido con mi anterior dueño, el cual me dio una visión equivocada del ser humano. Ahora digo que me dejaría atropellar mil veces más y morir con tal de pasar un día más con Virginia, mi dueña y quien me demostró que no todos los seres de una raza son iguales. Ni todos son buenos, ni todos malos.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Sensaciones ©

Sensaciones

Por R.R.Almeida

Nacer, crecer, y morir,
muchas sensaciones faltan aquí.

Conocer, aprender, saber, y hacer,
disfrutar de todo lo que puedas antes de caer.
Sufrir, llorar, perder, y desvanecer,
problemas de los cuales volver a aprender.
Soñar, sentir el cálido roce de su piel,
amar, y esos dulces besos de miel.

Una vida llena de deseos por los que combatir,
como el eterno deseo de hacerte siempre reír.
Los recuerdos al final son el premio que te llevarás.
Los recuerdos de esas sensaciones, recuerda, es lo que perdurará.

martes, 27 de agosto de 2013

Libertad ©

Libertad

 Por R.R.Almeida


Vuela, vuela como las aves,
y aunque no tengas alas,
no permitas que eso te pare.
Encontrarás a quien te diga que no podrás
tu trabajo consiste en demostrarle que eres capaz.
 
En la vida siempre encontrarás
situaciones en las que debas luchar.
No te rindas y aprende lo necesario para vencer,
el saber es lo mejor que puedes tener,
el saber puede ayudarte a ganar
y demostrar una vez más que puedes brillar.
 
Las estrellas no brillan por estar allí arriba,
lo hacen por su atómica fuerza interior,
aprende de ellas a no decaer jamás,
a mantenerte en lo más alto aunque no puedas volar.
No olvides dónde reside la auténtica felicidad,
esa felicidad que te da la libertad.

domingo, 18 de agosto de 2013

Recuerdos de un superviviente ©

Recuerdos de un superviviente

Por R.R.Almeida

Aún recuerdo los días en los que estaba inmerso en una larga contienda. La guerra es simple, o luchas, o no tendrás futuro. Yo, al enterarme de que debía luchar, sentí bastante miedo, incluso temor por lo que pudiera pasar, no quería batallar. Pronto me di cuenta que aceptando la situación todo sería más fácil...o mejor dicho, menos difícil.
La lucha no es salir con los amigos a divertirse, siempre será difícil, pero puedes hacer que sea menos complicada.
Una de las peores cosas era cuando estábamos en plena batalla y veíamos caer a algunos compañeros; en ocasiones atacábamos con una afilada hoja para intentar extirparlos de su bastión; otras veces intentábamos quemarlos con radiación, parece brutal, pero no nos quedaba otra; También queríamos acabar con ellos ayudándonos de la química, lo malo es que muchos de los buenos caían, pero con constancia y aguante logramos acabar con el enemigo. ¿Que quién es? El cáncer, quién si no, un maldito enemigo que ataca desde el interior, pero contra el que nunca te debes rendir.

sábado, 10 de agosto de 2013

Falso amor ©

Acabada mi segunda novela, titulada provisionalmente "Si crees que puedes, puedes" espero tener más tiempo para poder seguir publicando aquí cosas nuevas. Disfruten.

Falso amor

Por R.R.Almeida

Encerrado y sin poder salir,
aquella dama me tenía controlado por su olor y sabor.
Yo sólo aspiraba a vivir,
pero era preso de su amor.

Jamás pensé que podría estar con ella,
un día la conocí, y ya no volví a salir.
En mis intentos de escapar,
sólo victorias pírricas conseguía lograr,
todo iba mal, fatal, tenía que marcharme y dejarla atrás.

Lo intenté una vez más,
y con una gran fuerza de voluntad
logré vencerla y no volverla a tomar.
Lo que creía amor,
no era más que el falso espejismo de la felicidad,
creado por mi carcelera,
la droga que no volveré a tomar más.

miércoles, 26 de junio de 2013

Felicidad ©

Felicidad

Verdad o mentira, cuál es la realidad.
¿Recuerdas de chico lo que solías soñar?
Sueños rotos que como el cristal cortan al caminar.

El fondo de los sueños suele ser igual,
básicamente el ser humano busca felicidad.

Felicidad, una palabra difícil de definir.
Felicidad puede ser esos momentos que te hacen vibrar.
Felicidad también sea quizá aquello que te haga vivir.

La felicidad te la debes de regalar.
Ser siempre fuerte, aguantar y continuar.
En la vida siempre hay cosas buenas o malas,
depende de ti en cuál te quieres centrar.

Lo que de chico solías soñar, mañana puede ser una realidad.
Los sueños rotos que cortan al caminar, se pueden volver a juntar.
Nunca olvides que tienes la llave de tu felicidad,
simplemente disfruta de lo que tienes y de cómo eres
no te centres nunca en los demás.
Acepta tu imperfección, porque la perfección jamás existirá.

R.R.Almeida.

lunes, 10 de junio de 2013

Luna eterna ©

Luna eterna.

Por R.R.Almeida

Luna eterna iluminadora de caminos,
observadora y guardadora de secretos.
Millones de poemas recitados bajo tu mirada,
cuántos te regaló el poeta gracias a la inspiración
que le supiste dar sin pedirle nada más.
Tantos besos que viste dar,
y a tantos amantes que viste marchar,
cuántos fueron los que murieron por defender su amor,
y cuántos lo lograron refugiados en tu luz.
No hay nadie más sabia que tú
nos viste nacer, crecer, y morir,
disfrutar de la vida,
y también sufrir.
Luna eterna siempre estarás ahí,
cada noche saldrás,
y nos arroparás una vez más,
junto a tu legión de estrellas,
eternamente nos cuidarás.

R.R.Almeida.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Si las palabras se las lleva el viento... ©

Si las palabras se las lleva el viento...

Por R.R.Almeida

Si las palabras se las lleva el viento,
las aguanto con tinta sobre el papel,
perdurarán con el paso del tiempo
para que te de tiempo a leer.

Si las palabras se las lleva el viento,
y te importan de verdad,
guárdalas en el corazón,
y jamás se las llevará.

Si las palabras se las lleva el viento,
y son de las que te hacen soñar,
vuela junto a ellas,
nunca las olvidarás.

R.R.Almeida.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Páginas sueltas del diario de un Dios ©

Páginas sueltas del diario de un Dios

Por R.R.Almeida.

Día 1, año 0.

Comienzo este diario para ir contando cómo marcha mi periplo como Dios. Tras acabar la carrera y el máster en un prestigioso universo liderado por un gran Dios, me han dado la oportunidad de tener mi propio universo. Usaré todo lo que he aprendido hasta ahora para que sea el mejor. Quiero que la raza que llegue a predominar sobre otras viva feliz y en armonía junto a todo lo que les brindaré. Seguro que lo consigo.

Hoy creé el planeta en el que me centraré. Puse en él todo lo necesario. Un poco de tierra, bastante agua, y todos los seres vivos para que habiten estos entornos. Estoy muy ilusionado, e impaciente por ver cual de todas las especies llega a evolucionar y predominar sobre las demás.

Día 287, año 1.

Han pasado casi dos años desde que creé mi universo, un periodo ínfimo, pero va avanzando bien. Aún no hay una especie que predomine sobre las demás. Me pregunto cuál de ellas será.
La vegetación es la forma de vida que más abunda, abarca desde la tierra hasta los océanos. También son los que más años viven, aún veo árboles que puse ahí el día que nació el planeta.

Día 24, año 87.

Mi joven planeta está avanzando mucho más rápido que los de mis compañeros. Ellos siguen sin muchos cambios, sin embargo el mío tiene una especie predominante sobre la tierra, y para mi asombro fue una especie marina la que evolucionó hasta salir a la tierra y dominar a las otras especies. No hace falta decir que también son los que reinan en el entorno acuático.

Día 129, año 555.

La especie predominante de mi planeta, la cual lleva cientos de años, está causando demasiados desastres, y según el manual del Dios, no puedo ayudar si no me lo piden.

La inteligencia de esta especie no ha avanzado nada, sólo su fuerza y su físico ha cambiado, para mejorar en su arte de cazar y alimentarse. Lamento mucho lo que debo hacer, acabaré con esta especie aunque conlleve la destrucción de parte de mi planeta y la aniquilación de algunas otras especies. Espero que en mi siguiente intento no vuelva a fallar.

Día 123, año 987.

Por fin hoy he visto signos de que la inteligencia de una especie está evolucionando, también su apariencia física que se ha ido adaptando a sus necesidades. ¡Han comenzado a crear herramientas! Las usan para ayudarse a cazar a otras especies para alimentarse. Hoy es un gran día, preveo que esta especie será la mejor creada hasta ahora. Ya puedo empezar a olvidarme de lo pasado hace más de cuatrocientos años.

Día 358, año 1987.

Como esperaba, esta especie ha evolucionado de una forma excepcional  Han conseguido reunirse en pequeñas sociedades, muy básicas aún, pero con un gran potencial. Usan las cuevas como refugios, algunas excavadas por ellos mismo cooperando. Cazan en manada con sus herramientas, las cuales han avanzado también. Su comunicación también está evolucionando, se comunican mucho mejor que hace mil años, tienen algunas palabras, y cada año que pasa veo un gran avance.

Sin ser los más fuertes han conseguido predominar sobre las otras especies, creando herramientas para su ayuda han conseguido aguantar mil años, no me cabe la menor duda de que aguantará miles de años más.

Día 78, año 2984.

Las pequeñas sociedades se han convertido en bastos imperios regidos por unos pocos individuos de la especie predominante. Su comunicación está en un nivel altísimo, usan miles de palabras distintas, y  sus primeros idiomas han evolucionado en un gran repertorio de lenguas según iban segregándose en distintas comunidades. Han comenzado a rendirme culto...aunque cada sociedad a su manera. No han entendido que sólo tienen que pensar en mí y hablarme, les atenderé encantado. Veremos cómo avanzan las religiones.

Día 143, año 3355.

No soporto más que se peleen por mí...o más bien por la imagen de Dios que se han creado ellos mismos con las religiones. Al principio pensé que sólo me rendían culto a su manera, dependiendo de las zonas. Ahora que han creado medios de transporte como los barcos, viajan a otras tierras y quieren imponer sus reglas y creencias a quienes no han evolucionado tanto como ellos. Aniquilan a otras sociedades de su misma especie.

Cuando comenzaron a pedirme favores, yo se los concedía, pero llegó un momento que recurrían a mí para todo. No me gustaba que estuvieran comenzando a depender de mí. Decidí no intervenir más, o por lo menos que no supieran si intervenía o no. Deben valerse por ellos mismos, pero no me gusta el camino que están siguiendo.

Día 223, año 3775.

Todo es un descontrol. Se matan entre ellos, y lo que es peor, matan a otras especies por pura diversión. Han perdido el respeto por todo lo que he creado.

La mayoría ya no cree en mí, muchos otros creen en las religiones que han perdurado. Otros en cambio no creen en estas religiones y hacen lo que ellos creen mejor. Estos últimos son la pequeña llama de esperanza que queda, espero que no se apague. No sé que hice mal, pensé que con la evolución de su inteligencia protegerían su tierra, su hogar. Pero no, todo lo contrario, la destruyen.

He pensado en hacer lo mismo que hace más de tres mil años, pero he decidido dejarles seguir así, ellos mismo acabará por destruirse.

R.R.Almeida.